Si pudiera poner en palabras el gesto de Jean-Paul Belmondo, ese famoso gesto que hace cómplicemente con
Jean Seberg en “À bout de souffle”, lo haría. Pero no puedo, no me sale. Lo que sí sé es que me enamoré de él apenas lo vi.
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Si pudiera poner en palabras el gesto de Jean-Paul Belmondo, ese famoso gesto que hace cómplicemente con
Jean Seberg en “À bout de souffle”, lo haría. Pero no puedo, no me sale. Lo que sí sé es que me enamoré de él apenas lo vi.