Recuerdo la primera vez que leí The Catcher in the Rye ( El Cazador Oculto o El Cazador en el Centeno). Tenía 13 años y me enamoré perdidamente de Holden Caulfield. Quería que ese chico existiera, que me viniera a buscar, a rescatarme (no sé de qué, pero quería que viniera igual).
Me fascinaba lo que me contaba, cómo me lo contaba, su vínculo con el profesor de historia (era de historia,no?), con su hermanita, su hermano muerto, así como también su sensibilidad, desencanto y cinismo en relación al mundo que lo rodeaba.
Realmente quería que existiera para poder verlo, hablarle, acompañarlo a esos clubes de jazz de la gris Nueva York, reírnos de la gente detestable, fumarme un puchito con él y acariciarle esos mechones de pelo gris que tenía
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